I De vuelta a casa :)
Todo lo que quería era una vida
normal, pero cuando alguien golpea fuertemente en tu corazón no puedes negarle
la entrada.Mi mundo era el de una típica chica
de instituto, que no se preocupaba de los demás y tampoco los demás de mí. No
me interesaba conocer a alguien, a mis 17 años no estaba apurada por encontrar novio, pero tengo que
admitir que algunas veces me incomodaba cuando mis amigas comenzaban a salir
con algún chico y me ignoraban por completo y al final terminaba odiando a
aquellos muchachos.Pero no sé que era peor, odiar al
novio de tu amiga, o, enamorarte perdidamente
de él. Son las cosas que jamás pensarías que te pasarían a ti, pero que
en algún momento en el que te descuidas comienzan a pasar y lo peor es cuando te das cuenta que lo que creías que verdad resulta ser todo una
gran mentira.
Eso fue lo que me ocurrió a mis 17 años.
Estaba en Santiago, devuelta de haber viajado a los estados unido junto con mi familia. Todo estaba igual, nada había cambiado, las calles iluminadas, los grandes edificios que cubrían las estrellas en la noche y los perros callejeros en las veredas, buscando algo para comer o algún lugar propio para poder descansar.Todo se veía igual a como lo deje un año atrás, antes de que mi padre decidiera que seria mejor mudarnos a Norteamérica por un años por su trabajo.-Ya estamos por llegar, así que no se duerman – dijo mi padre mientras acomodaba el retrovisor para poder ver nuestras caras con sueño.Llevábamos casi 11 horas en un avión y más de dos en un auto, tenía todo acalambrado, no sentía mi trasero y la peor parte era que mi hermana menor se movía para todas partes subiendo los pies al asiento. Cuando llegamos a casa me sentía denuedo yo, jamás me gusto la idea de irnos del país a buscar suerte << La cual no encontramos >>, pero estaba alegre por haber llegado a mi casa, humilde, sencilla y pequeña, lo suficiente para cuatro personas.Fui la primera en bajar del auto y correr a la puerta para poder abrirla. Estaba ansiosa por entrar otra vez a mi hogar, lo que así que mi padre se pusiera nervioso y no pudiera lograr abrirla.
-¡Vamos papá!, no puedes abrirla mas rápido. – dije ansiosa provocando que mi padre se enfadara un poco.
-Si te quedas quieta y te callas, estoy seguro que la abro en un dos por tres.Mi hermana y yo no podíamos esperar más y cuando pudo abrirla por fin fuimos las primeras en poner un pie. Subimos las escaleras corriendo asía nuestros antiguos cuartos. Todo esta allí, donde lo deje el día en que me fui, ese día decidí que no llevaría nada que realmente me importara, por que estaba segura que volveríamos << aunque no me imagine que nos demoraríamos un año >>, había ello un vínculo mágico con mis cosas, por lo que ellas me traerían de vuelta a donde se encontraran.
– Si papa supiera que hice algo así, me mataría primero – pensé en voz alta. Claro que jamás e creído en la magia, y solo es una forma de nombrar el aprecio que les tengo a lo que me pertenece.
Luego de ordenar nuestras ropas y algunos objetos que habíamos traído desde EE. UU. En nuestros cuarto. Tome un poco de aire y con calma decidí abrir el cajón de mi escritorio. En ese pequeño cuadrado, había dejado con llave lo que para una chica es lo más importante del mundo, Mi Diario.La llave la tenía siempre conmigo, y no fue la exención el día en que nos marchamos, la llevaba colgando alrededor de mi cuello, como un collar cualquiera. La saque con cuidado debajo de mi polero y con ansiedad la mire algunos minutos. Que ridiculez mas grande la que estaba asiendo, mirando una ordinaria llave como si fuera la cura para una enfermedad, o la llave de algún tesoro, pero no, era una pequeña corriente llave en forma de corazón al comienzo, que habría un pequeño cajón de mi pequeño escritorio. Pero en aquel momento, esa llave era mas importante que cualquier cura o tesoro, ella me llevaba a mi diario, el cual ase más de 12 mese que no veía ni escribía. Cuando sentí el seguro desaparecer del cajón me puse mas nerviosa que antes, ya no me acordaba que era lo que había escrito en él y mucho menos sabía lo que me motivaba a ser tan precavida. Cuando por fin lo abrí pude ver un montón de cartas, al principio me sorprendió, tengo que admitirlo, no me acordaba de la existencia de aquellos papeles y mucho menos de que las haya guardado junto a mi diario. Comencé leer algunas, eran las que algunos amigos y compañeros me las habían dado el último día que fui a clase. Entre todas esas cartas y notas de despedida pude reconocer la letra de Violeta, era muy redonda y curvada asía la derecha, era muy fácil saber que ella era que escribía, ya que nadie que yo conociera escribía de esa forma. Me alegre al darme cuenta y que junto a la de Violeta se encontraba la de Camila, la de esta era mucho mas desordenada y para poder entender lo que escribía necesitabas saber lenguaje antiguo, esto dificultaba a ser trampa en el examen y lo peor es que ella era la mas inteligente de la clase. – Por dios, es que jamás le enseñaron caligrafía - dije mientras me reía.Deje las cartas a un lado – después las leeré – y comencé a sacar todos los papeles que habían en el cajón, habían algunos que jamás había visto en mi vida y otros que no reconocía en el momento, nada pasaba, todo estaba normal, pero cuando ya no quedaban papeles en el cajón, medí cuenta que no se encontraba el diario.
-¡No… no esta! – comencé a desesperarme, busque por todos lado, revolví las cartas por toda la habitación, pensé que pudo haberse ido con el montón de papelerío que tenia el cajón, era estúpido, el diario no era tan pequeño ni tan liviano para irse entre unas cuantas cartas. - ¿Dónde esta? – lance eufórica no lo encontraba, saque el cajón del mueble << ¿pudo haberse caído asía el fondo?>> pensé. Idiota, el mueble no tenía fondo, ese era el único cajón que tenia.
No lo encontré, lo busque por todas partes pero no estaba en la casa, mi madre casi me mato por romper una foto de mis abuelos mientras buscaba por lo que no me permitió seguir con mi búsqueda. Lo seguí buscando en mi cuarto pero tampoco lo encontré, no podía entender porque no se encontraba en el cajón – estoy segura que lo guarde en ese lugar y no lo saque de allí – aunque mas que intentara recordad donde pude haberlo metido en realidad, no salía nada de mi cabeza, sé que tengo mal memoria pero no para inventarme luego algo que no fue.
No tuve tiempo de búscalo después de esa noche, mi madre aun estaba enfadada por lo que ocurrió con la foto, me tenía vigilada y estaba esperando que le diera una escusa para poder castigarme, << la que no le di por supuesto>>, trate de portarme bien durante la semana que estuve en casa sin a ser nada, ya que tener a mi madre de enemiga es mucho peor que tener al diablo como aliado. Aunque no dejaba de estar inquieta por las dudas que me causaba el hecho de no encontrarlo, se me venían a la cabeza tantas tonterías como que: un ladrón entro a mi cuarto y abrió aquel cajón a la fuerza y se llevo mi diario – que estupidez - pensaba en voz alta. Me daba cuenta que nadie entraría a una casa casi abandonada a robarse un solo diario, además el cajón no daba muestra de haber sido abierto por nadie y mucho menos a la fuerza. Pero luego se me venia otra idea a la cabeza, mucho menos estúpida que la anterior, mi hermana pequeña, pudo haberme quitado la llave antes de irnos y sacarlo sin que yo me diera cuenta – ¡Esta si que no es tan estúpida! - . Medaba cuenta que no tenia pruebas para inculparla pero podía amenazarla asta que diga la verdad.
-¿Dónde lo escondiste? – Pregunte con fuerza y seguridad para que no cayera duda de que yo sabia todo – dime la verdad Amelia… ya sé que fuiste tu la que lo robo – la mire con firmeza aunque me provocaba un poco de lastima, ya que ella era mucho mas pequeña que yo, aunque eso no quitaba el echo de que era muy intrusa y que le gustara tomas las cosas de los demás -¿de que me estas hablando?- refunfuño mirándome directamente con sus ojos color verde que provocaban que se viera mucho mas blanca de lo que era y con su rulos rojizos que parecían unos resortes cada ves que ella se movía, no permitían concentrarme en mi actuación. – ¡yo no e robado nada!, ¿que me estas diciendo? – me grito. Callo un momento para tomar un poco de aire para poder seguir sin ponerse tan roja, parecía una zanahoria con patas eso me causaba un poco de risa cada vez que pasaba esto – yo no e tomado nada, y si me sigues molestando le voy a decir a mamá.
Tuve que dejar el interrogaría hasta ahí, era muy arriesgado continuar, y necesitaba estar viva para poder encontrar mi diario. Amelia solo tenia diez años y aunque no se parece nada a mi, ya que yo no tengo ni pecas, ni tengo el cabello colorín, tampoco soy media regordeta y mucho menos mis ojos son de color verdes. Más bien pensándolo, no me parezco a ninguno de los miembros de mi familia, ya que todos son muy parecidos a mi hermana y yo soy más bien la distinta: mi cabello es de un castaño claro y mis ojos de un color café oscuro, sin decir que soy mucho más delgada y alta, no tengo pecas y mi rostro es mas ovalado que los de ellos, que son redondos.
Pero no me preocupaba ya que sabía muy bien que yo no era hija de ellos. Tengo que admitirlo, no fue una noticia agradable cuando lo supe, para una niña de 10 años es terrible enterarse que quieres creías que eran tus padres, no lo son en realidad. Ahora ya no me importa tal cosa, la familia Darcy han sido los únicos a quieres les e podido llamar ¨familia¨ y sé que ellos me quieren como una de ellos. Al cabo de dos semanas lo di por perdido, estaba muy triste y alerta por si alguien lo tenía en su poder, pero al pasar de los días ya no me preocupaba. Pero todo cambiaría para mí el día en que llego una carta de mi amiga Violeta. No me explicaba como supo que había vuelto a Chile, jamás le comente ni vi a alguien que ella conociera y tampoco podía comprender por que me había escrito una carta. Estamos en el siglo XXI podía haberme llamado por teléfono. Pero no le tome importancia a esos detalles en aquel momento y a lo único que reaccione en aquel momento fue a correr a mi cuarto y comenzar a leer. La letra era igual a la que tenía en el cajón de mi escritorio y como siempre sus cartas olían a un perfume esquicito, << Rosas>>, mire el sobre para ver de la dirección pero no la reconocí a si que decidí comenzar a leer muy impaciente:
Eso fue lo que me ocurrió a mis 17 años.
Estaba en Santiago, devuelta de haber viajado a los estados unido junto con mi familia. Todo estaba igual, nada había cambiado, las calles iluminadas, los grandes edificios que cubrían las estrellas en la noche y los perros callejeros en las veredas, buscando algo para comer o algún lugar propio para poder descansar.Todo se veía igual a como lo deje un año atrás, antes de que mi padre decidiera que seria mejor mudarnos a Norteamérica por un años por su trabajo.-Ya estamos por llegar, así que no se duerman – dijo mi padre mientras acomodaba el retrovisor para poder ver nuestras caras con sueño.Llevábamos casi 11 horas en un avión y más de dos en un auto, tenía todo acalambrado, no sentía mi trasero y la peor parte era que mi hermana menor se movía para todas partes subiendo los pies al asiento. Cuando llegamos a casa me sentía denuedo yo, jamás me gusto la idea de irnos del país a buscar suerte << La cual no encontramos >>, pero estaba alegre por haber llegado a mi casa, humilde, sencilla y pequeña, lo suficiente para cuatro personas.Fui la primera en bajar del auto y correr a la puerta para poder abrirla. Estaba ansiosa por entrar otra vez a mi hogar, lo que así que mi padre se pusiera nervioso y no pudiera lograr abrirla.
-¡Vamos papá!, no puedes abrirla mas rápido. – dije ansiosa provocando que mi padre se enfadara un poco.
-Si te quedas quieta y te callas, estoy seguro que la abro en un dos por tres.Mi hermana y yo no podíamos esperar más y cuando pudo abrirla por fin fuimos las primeras en poner un pie. Subimos las escaleras corriendo asía nuestros antiguos cuartos. Todo esta allí, donde lo deje el día en que me fui, ese día decidí que no llevaría nada que realmente me importara, por que estaba segura que volveríamos << aunque no me imagine que nos demoraríamos un año >>, había ello un vínculo mágico con mis cosas, por lo que ellas me traerían de vuelta a donde se encontraran.
– Si papa supiera que hice algo así, me mataría primero – pensé en voz alta. Claro que jamás e creído en la magia, y solo es una forma de nombrar el aprecio que les tengo a lo que me pertenece.
Luego de ordenar nuestras ropas y algunos objetos que habíamos traído desde EE. UU. En nuestros cuarto. Tome un poco de aire y con calma decidí abrir el cajón de mi escritorio. En ese pequeño cuadrado, había dejado con llave lo que para una chica es lo más importante del mundo, Mi Diario.La llave la tenía siempre conmigo, y no fue la exención el día en que nos marchamos, la llevaba colgando alrededor de mi cuello, como un collar cualquiera. La saque con cuidado debajo de mi polero y con ansiedad la mire algunos minutos. Que ridiculez mas grande la que estaba asiendo, mirando una ordinaria llave como si fuera la cura para una enfermedad, o la llave de algún tesoro, pero no, era una pequeña corriente llave en forma de corazón al comienzo, que habría un pequeño cajón de mi pequeño escritorio. Pero en aquel momento, esa llave era mas importante que cualquier cura o tesoro, ella me llevaba a mi diario, el cual ase más de 12 mese que no veía ni escribía. Cuando sentí el seguro desaparecer del cajón me puse mas nerviosa que antes, ya no me acordaba que era lo que había escrito en él y mucho menos sabía lo que me motivaba a ser tan precavida. Cuando por fin lo abrí pude ver un montón de cartas, al principio me sorprendió, tengo que admitirlo, no me acordaba de la existencia de aquellos papeles y mucho menos de que las haya guardado junto a mi diario. Comencé leer algunas, eran las que algunos amigos y compañeros me las habían dado el último día que fui a clase. Entre todas esas cartas y notas de despedida pude reconocer la letra de Violeta, era muy redonda y curvada asía la derecha, era muy fácil saber que ella era que escribía, ya que nadie que yo conociera escribía de esa forma. Me alegre al darme cuenta y que junto a la de Violeta se encontraba la de Camila, la de esta era mucho mas desordenada y para poder entender lo que escribía necesitabas saber lenguaje antiguo, esto dificultaba a ser trampa en el examen y lo peor es que ella era la mas inteligente de la clase. – Por dios, es que jamás le enseñaron caligrafía - dije mientras me reía.Deje las cartas a un lado – después las leeré – y comencé a sacar todos los papeles que habían en el cajón, habían algunos que jamás había visto en mi vida y otros que no reconocía en el momento, nada pasaba, todo estaba normal, pero cuando ya no quedaban papeles en el cajón, medí cuenta que no se encontraba el diario.
-¡No… no esta! – comencé a desesperarme, busque por todos lado, revolví las cartas por toda la habitación, pensé que pudo haberse ido con el montón de papelerío que tenia el cajón, era estúpido, el diario no era tan pequeño ni tan liviano para irse entre unas cuantas cartas. - ¿Dónde esta? – lance eufórica no lo encontraba, saque el cajón del mueble << ¿pudo haberse caído asía el fondo?>> pensé. Idiota, el mueble no tenía fondo, ese era el único cajón que tenia.
No lo encontré, lo busque por todas partes pero no estaba en la casa, mi madre casi me mato por romper una foto de mis abuelos mientras buscaba por lo que no me permitió seguir con mi búsqueda. Lo seguí buscando en mi cuarto pero tampoco lo encontré, no podía entender porque no se encontraba en el cajón – estoy segura que lo guarde en ese lugar y no lo saque de allí – aunque mas que intentara recordad donde pude haberlo metido en realidad, no salía nada de mi cabeza, sé que tengo mal memoria pero no para inventarme luego algo que no fue.
No tuve tiempo de búscalo después de esa noche, mi madre aun estaba enfadada por lo que ocurrió con la foto, me tenía vigilada y estaba esperando que le diera una escusa para poder castigarme, << la que no le di por supuesto>>, trate de portarme bien durante la semana que estuve en casa sin a ser nada, ya que tener a mi madre de enemiga es mucho peor que tener al diablo como aliado. Aunque no dejaba de estar inquieta por las dudas que me causaba el hecho de no encontrarlo, se me venían a la cabeza tantas tonterías como que: un ladrón entro a mi cuarto y abrió aquel cajón a la fuerza y se llevo mi diario – que estupidez - pensaba en voz alta. Me daba cuenta que nadie entraría a una casa casi abandonada a robarse un solo diario, además el cajón no daba muestra de haber sido abierto por nadie y mucho menos a la fuerza. Pero luego se me venia otra idea a la cabeza, mucho menos estúpida que la anterior, mi hermana pequeña, pudo haberme quitado la llave antes de irnos y sacarlo sin que yo me diera cuenta – ¡Esta si que no es tan estúpida! - . Medaba cuenta que no tenia pruebas para inculparla pero podía amenazarla asta que diga la verdad.
-¿Dónde lo escondiste? – Pregunte con fuerza y seguridad para que no cayera duda de que yo sabia todo – dime la verdad Amelia… ya sé que fuiste tu la que lo robo – la mire con firmeza aunque me provocaba un poco de lastima, ya que ella era mucho mas pequeña que yo, aunque eso no quitaba el echo de que era muy intrusa y que le gustara tomas las cosas de los demás -¿de que me estas hablando?- refunfuño mirándome directamente con sus ojos color verde que provocaban que se viera mucho mas blanca de lo que era y con su rulos rojizos que parecían unos resortes cada ves que ella se movía, no permitían concentrarme en mi actuación. – ¡yo no e robado nada!, ¿que me estas diciendo? – me grito. Callo un momento para tomar un poco de aire para poder seguir sin ponerse tan roja, parecía una zanahoria con patas eso me causaba un poco de risa cada vez que pasaba esto – yo no e tomado nada, y si me sigues molestando le voy a decir a mamá.
Tuve que dejar el interrogaría hasta ahí, era muy arriesgado continuar, y necesitaba estar viva para poder encontrar mi diario. Amelia solo tenia diez años y aunque no se parece nada a mi, ya que yo no tengo ni pecas, ni tengo el cabello colorín, tampoco soy media regordeta y mucho menos mis ojos son de color verdes. Más bien pensándolo, no me parezco a ninguno de los miembros de mi familia, ya que todos son muy parecidos a mi hermana y yo soy más bien la distinta: mi cabello es de un castaño claro y mis ojos de un color café oscuro, sin decir que soy mucho más delgada y alta, no tengo pecas y mi rostro es mas ovalado que los de ellos, que son redondos.
Pero no me preocupaba ya que sabía muy bien que yo no era hija de ellos. Tengo que admitirlo, no fue una noticia agradable cuando lo supe, para una niña de 10 años es terrible enterarse que quieres creías que eran tus padres, no lo son en realidad. Ahora ya no me importa tal cosa, la familia Darcy han sido los únicos a quieres les e podido llamar ¨familia¨ y sé que ellos me quieren como una de ellos. Al cabo de dos semanas lo di por perdido, estaba muy triste y alerta por si alguien lo tenía en su poder, pero al pasar de los días ya no me preocupaba. Pero todo cambiaría para mí el día en que llego una carta de mi amiga Violeta. No me explicaba como supo que había vuelto a Chile, jamás le comente ni vi a alguien que ella conociera y tampoco podía comprender por que me había escrito una carta. Estamos en el siglo XXI podía haberme llamado por teléfono. Pero no le tome importancia a esos detalles en aquel momento y a lo único que reaccione en aquel momento fue a correr a mi cuarto y comenzar a leer. La letra era igual a la que tenía en el cajón de mi escritorio y como siempre sus cartas olían a un perfume esquicito, << Rosas>>, mire el sobre para ver de la dirección pero no la reconocí a si que decidí comenzar a leer muy impaciente: